El vivía en un mundo de fantasía, un mundo por él construido desde muy pequeño. Por influencia de los cuentos para niños y la televisión cedió más a la fantasía que a la realidad y entonces, dio cabida a este mundo que nos es tan ajeno, tan… irreal, tan hermoso.Al principio, fue un espía, luego fue un guerrero que con ayuda de los seres de su planeta rescataba princesas, entonces fue un héroe, un hechicero, un sabio que aprendió la inmortalidad, un famoso y reconocido en todo el mundo, y entonces le proclamaron rey del mundo. Más que rey, era un “todo”, su mente tan bien ejercitada soportaba el planeta en sí, desde el habitante más pequeño, hasta los mas enormes, cada pequeño detalle que en el tronco de un árbol a lo largo de sus caminatas por los bosques encantados marcaba, cada nube figurando una batalla épica, rasgos faciales, mugre de uñas, y todo dentro de su cabeza, y con ello, bien hacía lo que quería.En realidad su mundo era perfectamente envidiable. Pi, como rey del mundo, no permitía injusticias, daba a cada quien lo que correspondía, y de buen corazón cedía a una cara triste para hacerla sonreír. Sus planes eran magníficos, se construían paisajes de la noche a la mañana, restauraba un bosque, lo extendía y construía poblados. Más que nunca, en su mundo, los habitantes eran felices.Mientras tanto, en el mundo real, Pi dormía más que profundamente en una cama individual, con cables que a falta de nutrientes le alimentaban y costosos aparatos a los costados.
domingo, 30 de noviembre de 2008
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